sábado, 26 de mayo de 2012


EL PROPOSITO DE LA ADORACIÓN
Fernando Orihuela
 
El propósito de Dios al llamarnos a la adoración es encontrarse con nosotros y moverse a nuestro lado, para que podamos llegar a ser pueblo de alabanza para Su gloria.
 
Tal concepto de adoración parece extraño para algunos cristianos porque sus propias ideas son muy diferentes. Para algunos, la adoración es meditación o pensar calmadamente en Dios. Para otros, va relacionada con la cultura y la educación. Para muchos, puede ser un tiempo de estímulo emocional a través de los himnos evangélicos y sermones.
 
Cada uno de estos puntos de vista son valiosos, pero ninguno de ellos se refieres a la razón principal para la adoración que Dios nos da en Su Palabra.
 
Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, Dios llama amorosamente a Su pueblo para que juntos puedan experimentar Su presencia y poder. Ellos llegan a conocerlo mejor a través de la adoración. Como un Padre, El viene a revelar Su santa voluntad y propósito para sus vidas. De tal comunión con Dios emerge el poder y la capacidad para servirle y honrarle fielmente como Sus amados hijos e hijas.
 
Las Escrituras nos muestran cuánto desea Dios que Su pueblo lo adore. De hecho, la adoración es el medio a través del cual se prepara un lugar a Dios, para que El pueda reunirse con Su pueblo y moverse entre ellos.
 
La dirigir la edificación del Tabernáculo (una tienda para el Señor), Dios le dijo a Moisés que dijera a los hijos de Israel: "Que me hagan un lugar santo para reunión, para que yo more entre ellos... Y yo me reuniré con vosotros y tendré comunión con vosotros..." (Ex.25:8,22).
 
En el Nuevo testamento, Jesús comparte el mismo pensamiento: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, yo estaré personalmente en medio de ellos" (Mt.18:20).
 
Las Epístolas (las cartas del Nuevo Testamento) también apoyan y amplían esta idea, porque tanto Pablo como Pedro escribieron las mismas cosas acerca de la Iglesia: "En el cual (Cristo) también vosotros estáis edificados juntos para lugar de morada de Dios a través del Espíritu" (Ef.2:22). "Vosotros también, como piedras vivas, estáis edificados como una casa espiritual, un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables para Dios por Jesucristo" (1P. 2:5).
 
Los dos últimos versículos pueden referirse a la Iglesia mundialmente, más bien que a los servicios de los creyentes locales. Sin embargo, las palabras "juntos" y "sacrificios espirituales" también parecen referirse a la adoración en cualquier sitios donde un grupo de creyentes puedan congregarse. En otras palabras, siempre que nos reunimos alrededor de Jesús, en la mente de Dios nos convertimos en una casa espiritual o lugar vivo en el que El pueda morar. Nuestro Padre celestial verdaderamente desea estar con Su familia, y desea que seamos uno con El.
 
No deseo decir demasiado, pero me preocupa que la mayoría de los creyentes, cuando se reúnen para la adoración, en realidad no esperan que Dios:
 
1) esté presente de una manera clara y significativa; o
2) haga algo que pudiera ser notado claramente.
 
Sin embargo, la Palabra de Dios dice claramente que El desea estar con Su pueblo y obrar entre ellos de una manera personal y especial cuando se reúnen para adorarle. Como dijo Jesús: "La hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre es espíritu y verdad. Porque tales adoradores busca el Padre que le adoren" (Jn.4:32).
 
Este versículo muestra a Dios buscando gente ("adoradores verdaderos") que hagan de Sus cultos de adoración un tiempo de:
 
1) vida espiritual ("en espíritu), y
2) equilibrio bíblico ("en verdad").
 
En otras palabras, vamos a adorara a Dios de una manera real y viva.
 
RAZONES EQUIVOCADAS PARA LOS SERVICIOS DE ADORACIÓN
 
Dios no está haciendo un examen bíblico los domingos para ver qué personas tienen las respuestas correctas de manera que pueda bendecirlas la semana siguiente; tampoco está llevando una encuesta celestial para ver quiénes asisten a la mayoría de los servicios. Estas son razones equivocadas para la adoración.
 
Mostramos nuestra fe en Dios cuando adoramos, y nuestra presencia en un servicio puede ser un testimonio para otros. Sin embargo, ninguno de estos hechos es la razón principal por la que Dios nos ha ordenado adorar.
 
Además, nuestro servicios no están planeados solamente para fortalecer nuestro andar con Cristo. Es verdad que la instrucción de la Palabra y la comunión juntos nos ayudan en nuestro crecimiento espiritual, pero Dios desea algo más - algo para El mismo. Desea un lugar para mostrar Su presencia, poder, amor, sabiduría - en resumen, El Mismo!
 
Los creyentes tiene que congregarse a fin de que pueda haber un tiempo y lugar para que el Señor amoroso muestra Su gloria. Así que, cuando la congregación se reúne en "la Iglesia en el Camino", esperamos que suceda algo. No nos reunimos para un espectáculo o un sermón. Nos entregamos a la adoración, deseando hacer lugar para que Dios more en nuestros medios, de manera que pueda darnos forma y obre entre y a través de nosotros.
 
LA ALABANZA: UN LUIGAR REGIO PARA DIOS
 
A causa de mi trasfondo, me fue difícil llegar al lugar donde pudiera entender el verdadero significado de la adoración. A menudo escuchaba a dirigentes que invitaban a los adoradores alabar al Señor citando el pasaje: "El Señor habita en las alabanzas de Su pueblo". Más tarde en mi ministerio como pastor, descubrí que el versículo no había sido citado con propiedad. De hecho, se lee de la manera siguiente "Pero Tú eres santo, Tú que habitas (vives en) las alabanzas de Israel" (Sal. 22:3).
 
La palabra hebrea "yawshab" (habitar") significa más exactamente: "sentarse, morar, permanecer". El significado puede cambiar para encajar en la acción de la persona. Describir a un juez, por ejemplo, puede significar "sentado en el tribunal" o :en juicio". Describir a un maestro, puede significar "sentado en clase para enseñar".
 
ESPERANDO Y ANIMANDO EL ESPIRITU DE ALABANZA
 
Para el tiempo en que vinimos a la ciudad de Van Nuys en California, me di cuenta que Dios se complace en la congregación que se reúne con regularidad para alabarle y adorarle, quienes anhelan ver sus maravillas manifestarse entre ellos. Pero aún tenía que aprender muchas lecciones.
 
Para empezar, tuve que aprender a esperar y a estimular con fuerza el espíritu de alabanza en los cultos.
 
Esto no vino con facilidad - y no porque nuestra pequeña congregación no quisiera alabar. Ese pequeño grupo de hermanos amados tenía una extensa historia -algo así como 50 años - de adorar a Dios de manera receptiva y libre. Pero ningún cúmulo de trasfondo religioso asegura la alabanza viva.
En este caso, creo que la mayoría de ellos dirían ahora que su alabanza se había convertido en una rutina carente de vida.
 
Aun la gente sincera, sin saberlo, puede llegar a ser como aquellos a los que habló Jesús, usando las palabras de Isaías: "Este pueblo me honra con sus labios pero su corazón está lejos de mí. Porque ellos me adoran en vano..." (Mr.7:6, 7:Is. 29:13).
 
LA RUPTURA DE CADENAS EN LOS EDIFICIOS DE ADORACIÓN
 
Aparte de la misma gente, el edificio de la iglesia producía una sensación extraña y desagradable. No era cuestión de cómo se veía, puesto que daba la impresión de ser cálido y acogedor. Pero a veces sentía una sensación de "frialdad". El efecto era como si alguien produjera una sensación oscura y pesada, o como una manta mojada arrojada al fuego. Casi parecía como si una persona (o ser) viviera en esa habitación - alguien que deseara detener la adoración de todo corazón dentro de aquellas paredes.
Esto no estaba solamente en mi mente. También otra gente lo notaba, siempre que hablaban de ello, no comentaba nada para evitar algo que pudiera comenzar una forma negativa de pensar.
 
A medida que estaba cada vez más consciente de esta presencia desagradable, una escritura de la Palabra de Dios me vino a la mente, una parte que enseña al pueblo de Israel la manera más adecuada de limpiar una casa tocada por la lepra.
 
Me parece extraño pensar que la enfermedad pueda estar en un lugar, pero me ayudó a tomar seriamente la cuestión y a no desechar la sensación de pesadez que sentía a veces en el corazón como si fuera una mera actitud mental. Decidí hacer algo al respecto.
 
Varias veces cada semana, caminaba a través del lugar de adoración cuando no había nadie. Cada vez que lo hacía aclamaba las alabanzas de Dios y palmoteaba las manos, confesando la gloria y el honor de nuestro Señor Jesucristo. Dejaba que el gozo fluyera de mí, a pesar de quien estuviera haciendo de Su santuario un lugar oscuro y lóbrego espiritualmente. Hay un gran poder en la alabanza y con el tiempo ganamos una victoria maravillosa sobre aquel espíritu de pesadez (Lea Isaías 61:3).
 
TEMIENDO AL HOMBRE O COMPLACIENDO A DIOS
 
La crisis en la lucha contra ese espíritu tuvo lugar un domingo de octubre de 1970. Durante nuestro servicio, uno de los miembros habló una palabra en el espíritu, dirigiéndonos a alabar al Señor. Las palabras eran habladas con gracia y estaban perfectamente en orden, pero sucedió una cosa extraña; nadie dijo ni hizo algo en respuesta. Yo había esperado que la gente contestara con manos y voces alzadas en alabanza al Señor. Pero no sucedió nada.
 
No sabía exactamente qué hacer. No deseaba hablar directamente sobre el asunto porque un número de visitantes estaban presentes. (lamentablemente, todo pastor se ve tentado de vez en cuando a hacer que la iglesia "dé una buena impresión" a los visitantes.). Tenía miedo de que cualquier corrección por mi parte en ese tiempo fuera a estropear el espíritu apacible del servicio.
 
Pero fue entonces y allí mismo donde hice la decisión de que nunca permitiría otra vez que el temor del hombre me impidiera complacer a Dios y hacer Su voluntad. Descendí del área del púlpito, me coloqué frente a la congregación - alrededor de 100 presentes - y dije: "Primero, deseo decir a todos los visitantes que no se sientan incómodos por lo que voy a decir. Por favor, sepan que deseo que se sientan bienvenidos. Al mismo tiempo, como pastor de esta iglesia, tengo que hablar unas pocas palabras para corregir a este cuerpo."
 
Entonces cambié mi tono para expresar mi angustia: "Iglesia,¿saben ustedes lo que hemos hecho? Dios por Su Espíritu Santo nos ha llamado apaciblemente para que le alabemos por Su gran amor y bondad hacia nosotros, pero nos hemos quedado en silencio. Estoy seguro de que ninguno de nosotros desea desobedecer la Palabra o al Espíritu, Así que, vamos a detener todo y a entregarnos a la adoración y a la alabanza hasta que, juntos, sintamos que hemos respondido de verdad al llamado de Dios para la adoración."
 
Y lo hicimos, Nos pusimos en pie y cantamos un canto de alabanza. Después de esto adoramos hablando de las glorias del Señor. En los siguientes breves minutos, la habitación pareció ponerse más brillante - no para los ojos - sino de una manera que claramente nos dio a entender que habíamos hecho lo correcto.
 
Esa misma tarde, mientras la congregación estaba cantando himnos, me volví a Chuck Shoemake, sentado cerca de mí. "Chuck", le dije: "un gran espíritu de gozo y libertad nos acompaña esta noche" Estuvo de acuerdo con una sonrisa, afirmando con su cabeza mientras cantaba gozosamente junto a toda la congregación.
 
LA PALABRA DE BENDICIÓN DE DIOS
 
No pensé ya más acerca del asunto hasta la semana siguiente. Una vez más el Señor me habló muy claramente cuando conducía a casa desde el Colegio Bíblico: "La razón de la libertad que tuviste el domingo se debe a que el dominio del espíritu de pesadez que habías estado sobre la iglesia a sido roto".
 
Mi espíritu saltó dentro de mí y empecé a sonreirme para conmigo mismo. Algo maravilloso había tomado lugar, y mi corazón estaba contento. Además, la misma alegría había estado en los rostros de la congregación desde entonces. Algo que impedía había sido eliminado y la alabanza comenzó a fluir libremente desde ese día especial.
 
"En tu presencia hay plenitud de gozo; a tu diestra hay placeres para siempre" (Sal. 16:11).
 
Hoy la alabanza empieza tan fácilmente, y la gente entra con alegría y libertad en "La iglesia en el Camino". A menos que alguien haya estado allí en ese primer año y medio, no podría imaginar los duros tiempos por los que atravesamos. Desde que ese espíritu fue abatido, nuestro servicios han venido a ser verdaderos tiempos de gran gozo.
 
No es asunto de elaborar la alabanza por el esfuerzo y la emoción humanas. En lugar de eso, animamos sencilla y cálidamente a todos para que ofrezcan una adoración amorosa a Dios. Los resultados son siempre los mismos:
1) la presencia de Dios desciende sobre los servicios;
2) la congregación muestra alegría verdadera en El;
3) la Palabra de Dios y la fe vienen a ser factores vivos para el resto del culto de adoración;
4) el Señor nos visita y tenemos comunión con El.
 
Mereció la pena continuar alabando durante meses aun cuando sentíamos que algo nos impedía y fue meritorio también que disgustaramos a unos cuántos visitantes. Habíamos preparado nuestra casa para Su presencia moradora, con el deseo de que pudiéramos alabarle y adorarle siempre en Espíritu y verdad.
 
En realidad sólo pasaron unos tres meses antes de que el Señor nos volviera a hablar otra vez, dándonos la siguiente palabra de bendición: "He dado mi gloria para que more en este lugar" ¿Quién podría pedir más?
 
VENGA TU REINO
 
"Venga tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo" (Lc.11:2)
 
Conocemos estas palabras de la Oración del Señor, pero ¿ qué significa realmente? . Creo que la mayoría de las personas las consideran como yo lo hice una vez. Pensé que aquellas palabras eran una oración para el futuro - para "algún día" cuando Cristo volviera para edificar Su Reino perfecto sobre la tierra.
 
Por supuesto que ese día se está acercando, y deberíamos orar por él en el espíritu de las palabras con las que Juan concluye las Escrituras: "Sí, ven Señor Jesús" (Ap 22:20).
 
Pero aquí está la parte que hemos fracasado en ver: Jesús expresó las palabras "Venga Tu Reino" con referencia, no a Su Futuro Reino, sino como una oración para que Su gobierno real fuera puesto en operación por el ministerio de la Iglesia en nuestros días.
 
La adoración abre las puertas al gobierno de Dios. La oración del Señor lo enseña. La oración empieza con alabanza, después pide la presencia gobernadora de Dios para entrar en el poder del Reino: "Cuando oreís, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu nombre". Esto es un llamado a la adoración. Es como el "santo , santo, santo" que se oye de parte de todos los santos mientras adoran a Dios alrededor de Su trono.
 
Jesús nos está ensenando que lo más importante acerca de la oración es la relación que tenemos con Dios como nuestro Padre celestial. El es santo y amoroso en todos Sus caminos, y realmente digno de nuestras alabanzas. Por consiguiente, es muy apropiado que nuestras alabanzas empiecen siempre con adoración .
 
El Señor nos instruye para que oremos: "Venga Tu Reino - aquí - y ahora - como ya opera en le cielo". El lenguaje en el cual fue escrita la Escritura es más definido : "Que venga en este punto del tiempo".
 
LA RELACION ENTRE ADORACIÓN Y EL REINO
 
A medida que el tiempo pasaba aprendimos cada vez más sobre la relación entre la adoración y el Reino. Descubrimos que, durante los tiempos de alabanza, Dios se sentía complacido al obrar poderosamente en medio de nosotros - salvando, sanando y entregando a la gente a la plenitud del Espíritu.
 
Fue durante un período de dos semanas en agosto de 1973 cuando una cantidad de cosas poco usuales acontecieron en nuestra iglesia local. Todas ella fueron utilizadas por Dios para mostrarnos más claramente la manera en que nuestras alabanzas se habían convertido en un trono desde el cual El puede realizar obras poderosas de Su Reino.
 
Nuestra facultad pastoral generalmente se reúne las noches de los sábados para orar por el servicio del domingo. Una noche así, mientras estábamos orando, me sentí movido a pedir que nos colocáramos en las cuatro esquinas del santurario de adoración y levantáramos nuestras manos como si estuviéramos alzando una cubierta. De hecho, pareció venir a mi mente un mandato -"Levantad la cubierta"- y sentí de alguna manera que nuestras oraciones estaban haciendo una morada similar a una tienda para el Señor.
 
Cuando lo hicimos, todos sentimos una clara sensación de la presencia de Dios alrededor de todos nosotros mientras adorábamos. Pasó cerca de una hora mientras nos regocijábamos al saber que Dios estaba complacido con nuestra alabanza.
 
Cuando nos reunimos dos semanas más tarde, sentí otra vez que deberíamos "ir y colocarnos en los cuatro rincones". Fui lento para hacerlo. No me gusta hacer nada solamente porque sí, o como un intento de la carne de "obtener sensaciones". No deseo llegar a ser como la gente que piensa que siempre necesitan sentarse en un lugar determinado, o arrodillarse de cierta manera u orar con un cierto tono de voz para llegar a Dios. Tales hábitos pueden convertirse en falsas formas religiosas, y no dan lugar para los caminos creativos y especiales en los que el Espíritu Santo debe obrar.
 
Pero finalmente vencí mi preocupación. Dije a los otros hermanos: "No deseo parecer que estoy intentando conseguir que algo marche, o hacer de esto un suceso regular, ni nada de ese tipo, pero creo que vamos ponernos de pie en alabanza en las cuatro esquinas otra vez".
 
Lo hicimos. Ellos me comprendieron y fueron a las esquinas del lugar de adoración y se pusieron de pie en cara al centro, uniéndose en oración y alabanza como antes.
 
Solamente unos pocos minutos más tarde, Paul Charter dijo: "Hombres, no sé cómo les va a parecer, pero creo que el Señor me ha mostrado algo. Déjenme decirles algo sobre ello para que puedan juzgarlo, porque puede sonar extraño. Creo, no obstante, que es del Señor.
 
Le dijimos que hablara, y empezó diciendo: "El Espíritu Santo está mostrándome que puede haber una razón divina para que deseemos adorar otra vez al Señor en las cuatro esquinas del edificio. Creo que hay cuatro seres angélicos estacionados aquí con nosotros y que nos estamos uniendo a ellos para alabar a Dios".
 
Ninguno de nosotros se sintió excitado, ni actuamos contra lo que Pablo había compartido. Aceptamos sus palabras, pero no les dimos gran importancia. No sabíamos de nada contra ellas en la Escritura.
No estábamos adorando ángeles, por supuesto. Eso no sería bíblico (Co. 2:18; Ap. 19:10). Pero, sí lo que él había dicho era cierto, estábamos uniéndonos con una adoración que ya estaba en funcionamientop, tanto en el mundo visible como en el invisible. Sus palabras nos dijeron algo que no sabíamos, pero no nos hablaron nada más en esa ocasión.
 
REVELACION DE LA PALABRA DE DIOS
 
Alrededor de diez días más tarde, estaba en la iglesia para un culto de adoración a las 6 a.m. con algunos de los hermanos de la congregación.
Mientras me estaba arrodillando con los otros en oración por las muchas necesidades que se nos habían traído, el Señor me habló. Lo que me dijo me dejó perplejo: "Los cuatro ángeles de los que Pablo te habló la otra noche son los cuatro seres vivientes de los que se habla en el capítulo 4 de Apocalipsis".
 
Sentí decir: "Perdóname Dios".
 
Aquí estaba yo, intentando orar como un creyente fiel, y el Dios del cielo (yo sabía que era El porque conozco la voz de mi Padre) me estaba diciendo algo extraño. Estaba pensando en decir: "Seguro, Señor, por supuesto", de la misma manera en que se puede hablar a un niño que nos está contando una historia con el fin de que la creamos.
 
Pero esto no era una broma; el Señor me había dicho algo. Me detuve, pensé un momento, abrí la Biblia y leí ese pasaje de la Escritura.
 
Los seres angélicos en Apocalipsis 4 son los querubines. Se habla de ellos en otros lugares de la Palabra, y están siempre conectados con el trono de Dios. Un estudio de ellos en la Escritura parece mostrar que son los dirigentes de la adoración que esparce la gloria de Dios a través de toda la creación. Al principio, en Apocalipsis 4, vemos a estos cuatro seres adorando. Pero el círculo de la adoración se ensancha bajo su dirección hasta que, en el capítulo 5, toda la creación se une en un gran canto de alabanza.
 
No obstante, lo más que me llamó la atención, no fueron los cuatro seres en sí; fue su posición alrededor del trono. "Y delante del trono había un mar de cristal como vidrio; y en medio del trono, y alrededor del trono, estaban los cuatro seres vivientes..."" (Ap.4:6)
 
El que los cuatro seres vivientes estuvieran en cuatro lugares alrededor del trono era muy similar a las palabras que Pablo había compartido unas cuantas noches antes. Todavía no veía la importancia de nada de esto, y fui lento para buscar las respuestas. Así que, lo olvidé.
 
Si hubiera realmente trabajado duro "intentando" descubrir algo de gran
importancia espiritual en los sucesos de las dos últimas semanas, honestamente hubiera dudado de mis hallazgos. Tal y como fue, ni busqué respuestas ni pensé más de ello.
 
UN CUADRO DEL PROPOSITO MAJESTUOSO DE LA ALABANZA
 
Alrededor de dos semanas más tarde cuando estaba yendo hacia el edificio de la iglesia en mi automóvil, sin preguntarme ni pensar en el tema, Dios me mostró el significado de estas palabras en un cuadro simple y claro.
 
Yo había decidido ya que Dios no estaba diciendo que los cuatro querubines se habían movido a nuestra dirección. Eso habría sido estúpido. Creí, sin embargo, que El me estaba enseñando una verdad importante que serviría de aplicación al pueblo de Dios en cualquier sitio en que pudieran reunirse para adorarlo.
 
De una vez, el Espíritu Santo colocó los siguientes puntos de comprensión en el interior de mi alma:
 
1) Cada cuadro del majestuoso trono de Dios mostrado en la Biblia nos habla tanto de su Gloria como de la presencia de estos seres angélicos (Is.6, Ez.1, Ap.4).
 
2) Los cuatro seres angélicos están estrechamente colocados a los cuatro puntos alrededor del trono real de Dios (Ap. 4:6).
 
3) Estos seres dirigieron la alabanza y parece que atrajeron a toda la tierra a cantar con su adoración al Creador y Rey (Is. 6:3).
 
4) Como congregación, hemos decidido ser un pueblo de constante alabanza y adoración, que honra la Palabra de Dios y da gloria al Hijo de Dios. La Biblia dice que Dios está entronizado sobre esas alabanzas. (Sal.22:3)
 
Entonces, para mi completa sorpresa y gozo, el Espíritu Santo me ayudó a ver algo hermoso que de otra manera hubiera perdido: la adoración de la congregación nos ha puesto en linea directa con el majestuoso trono de Dios según Su Palabra. Los seres angélicos no se han movido a nuestro lugar, por el contrario, nuestra adoración "nos ha puesto en línea directa con el trono de Dios".
 
Vi también que el Reino de Dios no conviene a nosotros en poder por vía de nuestros esfuerzos a fin de colocarle en nuestros medios. Por el contrario, cuando nos acercamos a El en adoración, se allega a nosotros en amor - lo suficientemente cerca para estar entronizado sobre nuestras alabanzas (Stg. 4:8; Sal. 22:3). La adoración es una manera de unir el cielo y la tierra.
 
Para en realidad llegar a ser un pueblo que camine en espíritu de adoración, es algo que no sucede de la noche a la mañana. Es una cosa que una persona abra su corazón a los impulsos de Dios, que reciba una respuesta instantánea y otra bastante distinta ver el espíritu de adoración y alabanza enraizarse en una iglesia entera. Sin embargo, no hay mayor privilegio o deber que adorar fielmente a Dios con todo nuestro corazón.
 
La gloria de Su manera de obrar, aquí o en cualquier parte. no se debe al tamaño, la fama o al crecimiento ni a ninguna de las cosas que los hombres aprecian tanto. A menudo digo: "Que cada miembro de la 'Iglesia en el Camino' sepa que la única gloria que deseamos tener es como adoradores que están complaciendo al Padre. Cualquier otra cosa más que desee de nosotros fluirá libremente de eso".
 
Si la adoración es dirigida por un deseo de alabanza de los hombres, o juzgada por nuestro gustos y desagrados, perderemos la bendición de Su presencia poderosa, y Su gloria y las obras maravillosas entre nosotros se eran limitadas.
 
Los creyentes del Nuevo Testamento saben que la adoración no es obra de la mente o de las emociones. La adoración es el ser completo del hombre.
brillando en la vida que el Espíritu Santo da, ofreciendo sacrificios espirituales: "Os urjo, hermanos a que ofrezcáis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y que complazca a Dios. Adoradle con todo vuestro corazón, mente y cuerpo. No penséis no actuéis como el mundo que no valora la adoración de Dios, sino aprended a pensar como El lo hace, de manera que podáis conocer y hacer Su voluntad de la manera que le complace a El" (Ro.12:1,2; He. 13:51; 1P. 2:5; Sal. 51:7).
 
La palabra griega para adorar, "proskyneo", en realidad significa "inclinarse delante de Dios". El corazón de la alabanza no es humillar nuestros cuerpos a tierra, sino humillar nuestro orgullo delante de El.
Cuando uno está solo, puede humillar su cuerpo delante de Dios, pero no hay espacio suficiente para hacerlo así en nuestra adoración pública. Sin embargo, es esencial que humillemos nuestras voluntades humanas delante de El, una y otra vez, siendo que nuestro orgullo caprichoso puede volver a erguirse con gran facilidad.
 
Que el Espíritu Santo nos libere de nuestro orgullo vacío y nos enseñe que nuestro mayor llamado es alcanzado cuando entramos en la presencia majestuosa del Rey con adoración, alabanza y acción de gracias. Es de esa manera que en realidad hacemos lugar para que Su gloria more entre nosotros.
 
PAUTAS PARA LA ADORACION
 
Aquí hay un bosquejo para la adoración que hemos encontrado muy útil.
Adoremos pues...
 
...con nuestro espíritus nacidos de Dios (Ro. 1:9)
Adorando en Espíritu (Jn 4:23,24)
Cantando himnos espirituales (Co.3:16; Ef.5:19)
Dando gracias "bien" por el Espíritu (1Co.14:15-17)
 
2. ...con nuestras mentes hechas nuevas en Dios. (Fil 2:3-5)
Adorando por obediencia con entendimiento (Ro.12:1; 2Co. 10:5).
Orando con entendimiento (1Co.14:15)
Alabando con entendimiento (Sal. 47:6,7)
 
3. ... con nuestras emociones vivas para Dios (Col. 3:23; Ro.12:11-15)
Con nuestra aclamaciones y palmoteando las manos al Señor (Sal. 47:1)
Mostrando nuestro gozo y dando graciasn (Sal. 47:1; Sal 100:1,4;Fil.4:4).
Estando en silencio delante del Señor (Sal. 46:10; Hab. 2:20)
 
4. ...con nuestro cuerpos entregados a Dios (1Co 6:19,20)
Arrodillándonos en adoración (Fil.2:9,10)
Inclinando nuestras cabezas (Miq. 6:6-8)
Levantando nuestras cabezas (Sal. 3:3,4; He. 4:16)
Levantando las manos (Lam. 3:40,41; Sal. 63:3,4)
Moviendo las manos en alabanza (Lv.9:21)
Danzando con gozo delante del Señor (Sal. 149:3; 150:4; 30:11)
 
Aunque este bosquejo es solamente el inicio en un estudio de adoración y alabanza, puede llevar mucha bendición cuando estos principios son puestos en práctica fiel y obedientemente. He descubierto esta verdad a medida que he dirigido a mi congregación en las sublimes alabanzas a Dios, y estoy seguro de que sucederá lo mismo con ustedes. El tema principal es la gloria a Dios, y el fruto de esto es Su Reino - aquí y ahora-
 
Fernando Orihuela

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